El objetivo de Repsol para continuar siendo una compañía rentable en un mundo sin combustibles fósiles es doble

En la intimidad del consejo de administración de Repsol, el primer ejecutivo, Josu Jon Imaz, preguntó: “¿Cómo será la Repsol que verán nuestros nietos?” El conclave de directivos debatió a continuación sobre qué compañía esperan dejar en herencia. Se impuso a cierta celeridad que el mayor desafío, con el que la petrolera dará de bruces en algún momento de las próximas décadas, es la extinción de su materia prima. “El petróleo se acaba, aún hay para años, pero se acaba y debemos empezar a virar”, dijo alguien.

El párrafo anterior contiene licencias ficticias para recrear un hecho real. El debate existió. Pero quién sabe si fue así. Quién sabe, incluso, si lo puso sobre la mesa, años atrás, Antoni Brufau. O Alfonso Cortina. Al margen de la licencia inicial de este artículo, lo factual y contrastado es que Repsol, efectivamente, asume que el petróleo se acaba, según ha podido saber Economía Digital, y ya actúa en consecuencia. La mutación es silenciosa, continua, tozuda y sucede frente a todos con una delicadeza y efectividad interesantes.

Repsol dejará de centrarse en el combustible que impulsa al vehículo para hacerlo en el transporte en sí mismo

Doble objetivo

El objetivo de Repsol para continuar siendo una compañía rentable dentro de décadas, en un mundo sin combustibles fósiles, es doble: convertirse en una firma multiservicios y ser un referente en la movilidad futura de las personas. Este segundo lienzo sobre el que la petrolera debe aun dibujar su negocio ulterior es el que más dudas genera. Parecen lógicas. Hay incógnitas mayúsculas a despejar en la ecuación sobre la evolución de los medios de transporte. Tanto los que usaremos las personas como los que afectan a las mercancías.

¿Tiene sentido para la todavía petrolera hacer adquisiciones en empresas de movilidad? Lo veremos, probablemente, este mismo año

Pero ya tenemos pistas. Los coches eléctricos de alquiler espontáneo punto a punto son una tibia realidad, pero realidad al fin y al cabo, en varias metrópolis europeas. El foco de la Repsol—que—tiene—que—llegar rotará de centrarse, como ahora, en hacer negocio con la materia que impulsa el vehículo a iluminar al medio de transporte en sí mismo y centrar la actividad empresarial en él. ¿Tiene sentido para la todavía petrolera hacer adquisiciones en ese segmento? Lo veremos, probablemente, este mismo año.

Futuras compras

El ejercicio actual, el de 2018, se antoja, por tanto, clave. Los accionistas minoritarios de Repsol deberían prestar atención a las pequeñas adquisiciones, las que por su escasa cuantía apenas despiertan el interés de los medios. Admitamos que a los periodistas ahora de Repsol sólo nos interesa saber qué pasará con su participación en Gas Natural. Y quizá nos estamos equivocando. Quizá el árbol del morbo empresarial nos ciega ante el bosque completo. Antes ya nos distrajimos con las relaciones avinagradas entre Brufau e Isidro Fainé.

Los accionistas minoritarios de Repsol deberían prestar atención a las pequeñas adquisiciones

Un ejemplo del tipo de compras que podrían considerarse primeras piedras en la mutación de Repsol y sobre las que habría que estar atento en los próximos meses es Klikin. La star-up es autora de una plataforma digital de reserva y pago de servicios y gestión de promociones. Los impulsores evolucionaron el aplicativo para conectar negocios locales con sus clientes actuales y potenciales. Imaz firmó la compra del 70% de la compañía emergente. Generarán un nuevo medio universal de pago.

Un ejemplo

Esta pequeña operación anunciada el 4 de enero, que no pasó de breve en los medios, nos mete de lleno en lo que hará Repsol mientras aún emane petróleo de sus pozos. Es decir, ser una marca multiservicios. Lo tiene todo de cara. Según el último conteo, gestiona unas 7.000 gasolineras en Europa y Latinoamérica. Son centenares de miles de puntos de venta a los que hay que ir. La cautividad ya se exprime desde el punto de vista del ámbito de los servicios financieros, ventas minoristas y servicios adicionales como Guía Repsol.

Esa triangulación le ha permitido acumular una ingente cantidad de datos sobre nosotros que ahora se dispone a poner en (más) valor. Empezó hace dos décadas con la modernización y, por qué no decirlo, adecentamiento de las estaciones de servicio. Hoy hasta son un lugar agradable. Poco a poco han aparecido nuevos servicios y productos y llenar el depósito es ya algo más. Sin darnos cuenta, con naturalidad, hemos alimentado la primera fase de una estrategia que acabará con el abandono del petróleo.

¿Qué pinta Gas Natural?

Y mientras haya crudo, ¿qué? Repsol lo exprimirá con presunta eficiencia. A finales de febrero se esperan unos resultados que el consenso del mercado describe con entusiasmo como “espectaculares”. Imaz preparó a la compañía para que fuera rentable con el barril a 40 dólares. La última cotización (viernes 19 de enero) sobrepasaba los 60 dólares. Lo hizo con una reducción recurrente de costes. Llegó para quedarse; por tanto, de momento, tranquilidad. La deuda se enjuga sin esfuerzos.

La Repsol inmediata, esa que cuenta con el petróleo, presentará su nuevo plan estratégico antes de junio. Conoceremos más detalles sobre cómo ve Imaz el día de mañana: lo que espera todavía del crudo. El día después de mañana tardará aún unos años en ser evidente, pero la hoja de ruta está dibujada. La pregunta es ¿qué pinta Gas Natural en ella? La cuestión será materia de un próximo artículo.

 

Ismael García Villarejo – Economía Digital

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